Histórico: Ratifican primera condena por esclavitud laboral en el Perú

En las galerías del centro comercial Nicolini, en el Cercado de Lima, el bullicio comercial esconde una memoria oscura. En junio de 2017, un voraz incendio reveló una pesadilla: jóvenes encerrados a candado, forzados a trabajar en condiciones de esclavitud. Dos de ellos no sobrevivieron. Ocho años después, en diciembre de 2025, la justicia peruana ha confirmado, en segunda instancia, una sentencia histórica: las penas de 35 y 32 años de prisión efectiva para Jonny Coico Sirlopu y Vilma Zeña Santamaría, respectivamente, por el delito de trata de personas con fines de explotación laboral y esclavitud.

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Los condenados operaban un taller clandestino en un contenedor metálico. Según la investigación fiscal, las víctimas Jovi Herrera Alania y Jorge Luis Huamán Villalobos además de  tres sobrevivientes, eran recluidos desde las 9 de la mañana hasta las 7 de la noche en un espacio sin ventilación, sin alimentos y sin acceso a servicios higiénicos.

Jovi Herrera Alania y Jorge Luis Huamán Villalobos, jóvenes muertos víctimas de esclavitud laboral.

Por un pago irrisorio de 25 soles diarios, armaban luminarias mientras los tratantes lucraban al cambiar las marcas originales por otras. Era una celda de concreto y sudor, donde la libertad se intercambiaba por unas monedas.

RATIFICAN SENTENCIA

La larga batalla legal tocó su fin cuando la Corte Superior confirmó la condena contra Zeña Santamaría, quien había apelado la sentencia de 2018.

Jonny Coico Sirlopu y Vilma Zeña Santamaría pasaran más de 30 años en la cárcel.

La decisión no solo mantiene las décadas de prisión, sino que impone una reparación civil que supera el millón de soles para las víctimas y sus familias, además de inhabilitar a los condenados para contratar con el Estado. Cada cifra es un intento de medir lo irreparable: el daño a quienes perdieron la vida y a quienes cargan con el trauma.

Los investigados encerraban a sus trabajadores al interior de un contenedor.

ES UN HITO JUDICIAL

Este fallo marca un precedente jurídico sin igual en el Perú: es la primera vez que se confirma una sentencia por el delito específico de esclavitud laboral. La Fiscalía Especializada en Trata de Personas de Lima Centro logró que los jueces reconocieran que lo ocurrido iba más allá de la explotación; era la reducción de personas a condición de objetos, encerradas y despojadas de toda dignidad.

La galería Nicolini quedó inutilizable luego del incendio.

LA ÚLTIMA LLAMADA DE YOVI

«Tío, no podemos salir de aquí. El dueño nos ha encerrado con candado. Tío, el humo ya está entrando. Tío, ya se me acaba el aire, ya se me acaban las esperanzas, ya se me acaba la batería. Llegaron incluso a mandar un video del indecible horror que vivían atrapados allí dentro, como animales. Tío, el fuego está viniendo. Tírate al suelo, hijito. El humo siempre sube, pegado al piso vas a poder respirar. Orina tu polo y póntelo en la nariz. Así vas a poder respirar. El tío César trataba de sacar fuerzas de dónde no había para darle ánimos al niño engreído de la casa en su horrorosa agonía. La abuela y él corrían de un lado al otro, le suplicaban a los periodistas, a la policía, a los bomberos. Un helicóptero, por piedad, un helicóptero.

En un efímero rapto de esperanza, les pidieron que ayudaran a dar con su ubicación exacta. Saca tu mano, hijito. Busca una rendija. Danos una señal. Jovi agitó con desesperación su casaca verde mientras Luisito lograba sacar su brazo flaquísimo hacia ese mundo exterior al que ya no regresaría, blandiendo uno de esos malditos tubos fluorescentes falsificados como si fuera la estúpida bandera de un país desalmado y asesino.

Los jóvenes por todos los medios buscaron ser salvados pero su rescate fue imposible. Una de las víctimas tenía familia.

El dron de la Municipalidad de Lima captó, nítida, la imagen de aquel brazo de niño que moría. El helicóptero nunca llegó. Los bomberos nada pudieron hacer. El fuego terminó por devorarlo todo. A las cuatro y media de la tarde ingresó al celular del tío César la que sería la última llamada de Yovi. Tosiendo y llorando. Llorando y tosiendo: Dile a mi mamá que no llore. Ya fue ya. Cuida a mi hija. Dile que la quiero. Ya fue todo. Ya fue. Ya fue».

 

Redacción Tomenota
Redacción Tomenotahttps://tomenota.pe
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