Especialistas en vulcanología advierten que los recortes de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) al Programa de Asistencia para Desastres Volcánicos (VDAP) dejarán a millones de personas en América Latina más expuestas a los riesgos de erupciones volcánicas. Este programa, cofinanciado por el Servicio Geológico de los Estados Unidos y USAID, fue fundamental para el monitoreo de volcanes activos en la región, incluyendo los volcanes Misti, Sabancaya y Ubinas en Perú, así como para la implementación de campañas de concientización sobre los peligros volcánicos.
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América Latina es una de las regiones con mayor actividad volcánica del mundo, con cerca de 300 volcanes activos ubicados a lo largo del Anillo de Fuego, que se extiende desde México hasta Chile.

USAID Y 7 MILLONES EN RIESGO
Según estudios, casi 7 millones de personas viven a menos de 10 kilómetros de un volcán activo, lo que las coloca en una situación de alto riesgo. En la ciudad de Arequipa, están expuestos al peligro volcánico más de un millón de personas e infraestructura importante.
Desde su creación en 1986, el VDAP donó equipos de monitoreo, apoyado en la creación de mapas de riesgo y aportado metodologías para predecir erupciones, ayudando a prevenir tragedias como la del Nevado del Huila en Colombia en 2008, donde se evacuó a más de 5 mil personas gracias a una alerta temprana.
Sin embargo, el anuncio del presidente Donald Trump en enero de 2025 de recortar masivamente los fondos de USAID a proyectos globales ha puesto en riesgo esta cooperación.
CAPACIDAD DE MONITOREO EN RIESGO
Jersy Mariño, geólogo especializado en vulcanología e investigador del Instituto Geológico Minero Metalúrgico (INGEMMET), explicó que la pérdida de este apoyo afectará la capacidad de monitoreo en tiempo real y la detección temprana de síntomas precursores de erupciones.
“La cooperación que teníamos gracias USAID nos permitía implementar un monitoreo volcánico en tiempo real y conocer con antelación los síntomas precursores de una erupción para alertar a las autoridades y a la población”, informó.
Según Mariño, implementar un sistema de monitoreo en un volcán puede costar entre US$ 2 y 4 millones, sólo en equipos. A eso hay que sumar costos operativos: desde el transporte y la instalación de esos instrumentos hasta la implementación de las redes para que esos datos lleguen a un centro de monitoreo.

“Es carísimo porque no es sólo un sismógrafo o un GPS o un medidor de gases, es un sistema sofisticado que necesita mantenimiento y, con el tiempo, renovación”, agregó.
GOBIERNOS DEBEN ASUMIR SU ROL
Pablo Forte, investigador del Observatorio Argentino de Vigilancia Volcánica, señaló que, si bien la ayuda de USAID fue crucial, los gobiernos de la región deben asumir mayor responsabilidad en la protección de sus poblaciones. “Tampoco se le puede achacar toda la responsabilidad a USAID; nuestros Estados tendrían que saber responder y satisfacer las necesidades de nuestra población”, precisó.

EL DATO: En el Perú, algunos congresistas, políticos y sectores de la sociedad se encargaron de satanizar la presencia de USAID en el país al desconocer el papel fundamental que cumplía esta organización en el desarrollo de proyectos productivos a distinto nivel e investigación científica.



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Moncton new brunswick https://notes.io/
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