Keiko Fujimori cumple cien días de gobierno con un balance lleno de contradicciones. Por un lado, logró devolver presencia a una investidura presidencial desgastada por sus antecesores; por otro, el «orden» que prometió no se ve ni en las calles ni en el Congreso. El ministro de Trabajo, Juan Sheput, califica la «reconstrucción de la imagen de la institución presidencial» como el logro «más valioso» de estos cien días, y pide a la ciudadanía «comprensión» frente al problema de la inseguridad, porque «es una lucha de largo plazo». Pero las encuestas muestran que ese llamado no está funcionando.
Seguridad: discurso fuerte, datos silenciosos
La seguridad ciudadana fue el eje central de la campaña de Fujimori y hoy es su punto más débil. Sin embargo, los primeros tres meses estuvieron más caracterizados por anuncios y despliegues operativos que por resultados estructurales. La creación del Comando Unificado, que articula a las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, y las intervenciones en establecimientos penitenciarios buscaron transmitir autoridad y capacidad de respuesta.
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No obstante, el país todavía no registra una reducción sostenida de los homicidios, mientras las organizaciones criminales continúan representando uno de los principales problemas nacionales, sino que lo digan los transportistas de Lima que son blanco de los criminales.

La encuesta de Datum revela que el 68% de los peruanos considera que el gobierno «no ha logrado ningún avance» en reducir la criminalidad, y solo el 25% cree que hay «algún avance». La «tranquilidad parcial» que menciona Sheput choca con una sensación de inseguridad generalizada. Los analistas señalan que falta una hoja de ruta clara de reforma policial y que la militarización no toca las raíces del crimen organizado.
Un Congreso que marca los límites del Ejecutivo
Uno de los principales obstáculos políticos de Fujimori ha sido la relación con el Congreso bicameral. El Ejecutivo solicitó facultades legislativas para intervenir en 66 materias, con el propósito de acelerar reformas vinculadas con seguridad ciudadana, economía, asuntos laborales, simplificación administrativa y prevención frente al fenómeno El Niño.
Sin embargo, después de un prolongado proceso de negociación, consiguió autorización únicamente en 27 materias. El resultado evidenció que la presidenta no cuenta con un respaldo parlamentario suficiente para sacar adelante toda su agenda sin negociar con otras fuerzas políticas.
La dificultad para obtener estas facultades también dejó al descubierto una debilidad en la estrategia política del Gobierno. Fujimori concentró buena parte de sus esfuerzos en conseguir autorización legislativa, dejando en segundo plano otras herramientas constitucionales que podía utilizar para impulsar medidas desde el Ejecutivo. Esta dependencia del Parlamento abre interrogantes sobre su capacidad para construir consensos y mantener una agenda propia. En términos políticos, los primeros 100 días muestran que tener la Presidencia no significa necesariamente tener el control de las decisiones nacionales.
La economía: una de sus principales fortalezas
En el ámbito económico, el panorama presenta señales más favorables. La continuidad de Julio Velarde al frente del Banco Central de Reserva y la designación de Elmer Cuba como ministro de Economía contribuyeron a transmitir estabilidad y previsibilidad a los mercados. La confianza empresarial aparece como uno de los aspectos mejor encaminados de la administración, en contraste con las dificultades que enfrenta en seguridad y gobernabilidad. La Cámara de Comercio de Lima destacó que el riesgo país promedió 111 puntos básicos durante este periodo, uno de los registros más bajos para el inicio de un gobierno electo desde el año 2000.

No obstante, la estabilidad macroeconómica todavía debe traducirse en mejoras perceptibles para la población. La reactivación de las pequeñas y medianas empresas, la generación de empleo, la reducción de la informalidad y el destrabe de inversiones son desafíos que requieren políticas sostenidas.
El desgaste de la aprobación presidencial
El respaldo ciudadano también comienza a mostrar señales de desgaste. Según una encuesta de Ipsos citada por la agencia EFE, la aprobación de Fujimori pasó del 57 % al inicio de su mandato al 40 % en octubre, mientras que el rechazo aumentó del 25 % al 49 %. Por su parte, Datum encontró que solo el 10 % de los encuestados considera que la administración está realizando un buen gobierno y que el 31 % no identifica todavía ningún acierto.

Estas cifras reflejan una brecha entre las expectativas generadas durante la campaña y la percepción ciudadana sobre los primeros resultados de la gestión.
El Niño: alerta temprana, pero déficit de confianza difícil de llenar
En prevención de desastres climáticos el gobierno hizo lo que corresponde en el papel, pero su capacidad de convencer es limitada. Fujimori colocó la respuesta a El Niño entre las dos urgencias de su discurso de asunción, prometiendo «recursos adicionales» para romper «el ritmo de la burocracia».

El Ministerio de Economía confirmó la existencia de fondos de contingencia. Sin embargo, Datum revela que el 51% cree que no hay avances en la prevención de El Niño y solo el 4% de los hogares se considera «suficientemente preparado». Cuando falta la seguridad más básica, la confianza en la gestión de riesgos futuros difícilmente se construye.
Conclusión: la promesa de orden choca con el «déficit de ejecución»
Cien días no alcanzan para juzgar un mandato de cinco años, pero sí para revelar un estilo de gobierno. El ministro Sheput dice que «las expectativas eran muy altas», pero el problema no es que la gente espere demasiado: es que el gobierno prometió de más y se preparó de menos. Para una presidenta que llegó al poder con la marca del «orden», lo más escaso, cien días después, es precisamente la sensación de orden.



