La Alameda de los Sauces: Puente vivo entre pasado y presente

La Municipalidad de la Villa de Quequeña y el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor) y organizaciones civiles participaron en la ceremonia que reconoció la Alameda de los Sauces. Sauces tendrían 300 años de antigüedad y fueron descritas en las tradiciones peruanas del escritor Ricardo Palma.

A la entrada del tradicional pueblo de Quequeña, seis majestuosos sauces custodian el camino como guardianes del tiempo. Sus troncos, de más de cinco metros de diámetro, y sus ramas que se elevan hasta los seis metros, narran una historia de 300 años, una que quedó inmortalizada en las páginas de las tradiciones peruanas de Ricardo Palma.

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Estos árboles, testigos silenciosos del paso de generaciones y los reconocieron oficialmente como patrimonio cultural e histórico en una ceremonia que une pasado y presente.

TRIBUTO A LOS SAUCES 

La conmemoración, liderada por la Municipalidad Distrital de Quequeña, el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor) y organizaciones civiles, fue un tributo no solo a los árboles, sino también a quienes, como la señora María Luna viuda de Málaga y la señorita Hilda Málaga Luna, han dedicado su vida a cuidarlos.

Los Sauces tendrían 300 años de antigüedad y fueron descritas en las tradiciones peruanas del escritor Ricardo Palma.

LOS SAUCES Y RICARDO PALMA

Durante el evento, el edil Lic. Luis Núñez Saldívar destacó la importancia de preservar este legado natural, que conecta a Quequeña con el caserío de Yarabamba, recreando el paisaje descrito en “Haz bien, sin mirar a quién”, una tradición peruana de Ricardo Palma que nos transporta a las festividades de 1737.

“Hasta hoy se acostumbra la fiesta de los Reyes Magos. Los habitantes de la ciudad del Misti habíanse dado cita para la alameda que une Quequeña con el por entonces caserío de Yarabamba, espaciosa alameda formada por corpulentos sauces plantados con regularidad de diez en diez varas”.

En aquella época, según las palabras del escritor, esta alameda era un espacio de encuentro para los habitantes de Arequipa, quienes se congregaban para celebrar la fiesta de los Reyes Magos.

Bajo estas ramas centenarias, se rinde homenaje al arequipeño de antaño, al que gustaba de los picantes y la chicha de guiñapo, y se reconoce la necesidad de proteger lo que queda de esa identidad.

CADA ÁRBOL ES UNA HISTORIA 

El reconocimiento de la Alameda de los Sauces no es solo un acto simbólico. Es también un llamado a la acción para que otras municipalidades y gobiernos regionales en todo el país sigan el ejemplo.

Árboles como estos, monumentos naturales vivientes, son relatos vivos de la historia que merece ser protegida. En un país rico en tradición y biodiversidad, cada árbol con una historia nos recuerda que la preservación del pasado es también un paso hacia un futuro más consciente sobre nuestra identidad cultural.

Redacción Tomenota
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