La China Polo: un arma con cinco muertes y un cerebro sin identificar

Eran las horas de mayor bullicio en el mercado de la Explanada de Caraz. Susy Isabel Aponte Polo, conocida en todo Áncash como «La China Polo», caminaba entre puestos y transeúntes repartiendo propaganda. Faltaban pocas semanas para las elecciones y la periodista y candidata al Gobierno Regional hacía lo que mejor sabía hacer: estar cerca de la gente. Nadie imaginó que aquella caminata proselitista del 19 de septiembre sería la última.

Un hombre la venía siguiendo desde hacía varios minutos. Vestía una polera ploma y un gorro. Había estudiado sus movimientos, su entorno, el momento exacto en que su seguridad bajaría la guardia. Cuando lo hizo, sacó una pistola Glock 9×19 milímetros y disparó ocho veces. A quemarropa. Sin margen para nada.

Quien quería muerta a Susy Isabel Aponte Polo? es la pregunta sin resólver por el momento.

El sicario era Luis Iván Obispo Díaz, un ciudadano venezolano de 32 años que había arribado a Huaraz el 12 de septiembre. Se hospedó en el hotel «Las Vegas». En esa ciudad acudió a un centro comercial y compró un celular con dinero que, según las investigaciones, le había entregado el segundo detenido, capturado después en Lima. Luego se trasladó a Caraz y se alojó a pocas cuadras del mercado de la Explanada. Esperó. Observó. Y cuando el momento llegó, disparó.

Lo que siguió fue una huida desesperada. Obispo Díaz corrió por la calle Ramón Castillo e ingresó a la calle Alfonso Ugarte. Un miembro de seguridad de la comunicadora lo persiguió a balazos y logró alcanzarlo: dos impactos le perforaron el muslo y el hombro derecho, y un tercero le destrozó la mandíbula. Mal herido, el sicario apuntó con su arma a un humilde mototaxista para escapar de la zona. No lo logró. Cuadras más arriba volvió a intentarlo con otro conductor y esta vez consiguió su objetivo.

Pero un policía motorizado ya había advertido el hecho y lo perseguía. Mientras informaba a los agentes de la comisaría de Caraz, la persecución continuó hasta la calle 9 de Octubre. Allí, varias cuadras más arriba, el criminal fue detenido y reducido.

El sicario esta detenido y algunos temen que pueda ser callado para evitar que hable.

El arma y su historial de sangre

La pistola incautada a Obispo Díaz no era un arma cualquiera. La Glock 9×19 milímetros había sido robada del suboficial PNP Christian James Arévalo Calderón en 2023. Y desde entonces, según informó en conferencia de prensa el comandante general de la PNP, Fredy López Mendoza, participó en al menos cinco crímenes violentos.

El arma homicida de la candidata al GORE Ancash esta implicada hasta en cuatro asesinatos previos.

En 2025 fue usada en un robo agravado. En 2026, en Lima, sirvió para acribillar a una persona. Dos meses después, en mayo, asesinaron con ella a un ciudadano venezolano y, antes de que terminara ese mismo mes, mataron a otra persona en Lima. El último registro violento antes del crimen de Caraz ocurrió en julio. Dos meses más tarde, la misma Glock acabó con la vida de «La China Polo». Un arma que, como una sombra, fue dejando cadáveres a su paso mientras las autoridades no lograban rastrearla.

La red detrás del disparo

Las últimas investigaciones muestran todo un operativo para el asesinato de la comunicadora. A través del Yape y de los movimientos financieros del sicario, la Policía logró dar con Ronald José Toro Artila, de 29 años, otro ciudadano venezolano que estaba escondido en Surco y que habría financiado parte de la logística del crimen.

Pero la investigación no se detuvo ahí. La Policía identificó también a Edinson Corzo y Valeria Torres como presuntos implicados. Según la tesis fiscal, ambos habrían permanecido junto a Luis Obispo Díaz y un cuarto hombre en el alojamiento «Caraz», en Áncash, donde presuntamente se reunieron antes del ataque. Los investigadores intentan reconstruir cada paso de la red: quién puso el dinero, quién compró el celular, quién pagó el hospedaje, quién dio la orden.

Presuntos implicados en el crimen de la China Polo

 

Hasta ahora, todos son piezas de un engranaje que aún no revela su centro. La pregunta que sigue sin respuesta es la más importante: ¿quién ordenó la muerte de «La China Polo»? ¿Quién era el cerebro de la operación? La Fiscalía y la Policía continúan tras esa pista, mientras Áncash y el país entero observan con indignación cómo el crimen de una periodista que denunció amenazas desde penales y señaló a altos mandos policiales sigue sin un responsable intelectual claro.

La sombra del lavado de activos

A esto se suma otra capa de complejidad al caso. La Fiscalía en Delitos de Lavado de Activos del Distrito Fiscal del Santa dispuso la formalización y continuación de la investigación preparatoria contra Susy Ysabel Aponte Polo (a) «La China Polo», Jorge Luis Tello Bardales, Claudia Isabel Tello Aponte, Santa Claudelina Polo Vda. de Aponte, Claudia Patricia Aponte Polo, Lida Martairene Polo Calderón, Jenny Melgar Ruiz, Henry Borja Cruzado (exgobernador regional de Áncash) y la persona jurídica «LAKHMI & LASHMI S.A.C.», por presunto lavado de activos en agravio del Estado.

La paradoja es brutal: la mujer que denunció corrupción y amenazas de muerte ahora aparece también en una investigación por lavado de activos. La misma persona cuya vida fue segada en plena calle, a plena luz del día, con un arma que ya había matado cinco veces, es también objeto de una pesquisa fiscal.

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