El hambre y la desesperación llevan cinco días instalados en la Panamericana Sur. A lo largo de los kilómetros que separan a Atico de Ocoña, en la región Arequipa, miles de viajeros permanecen atrapados por los derrumbes de lodo y rocas que han sepultado la vía desde el domingo 16 de agosto. Lo que debió ser un viaje de horas se ha convertido en una trampa mortal, agravada por una víctima fatal y la creciente escasez de alimentos y agua mientras la maquinaría de distintas instituciones intentan despegar la vía.

La furia de la naturaleza y la lentitud de la respuesta
Las intensas lluvias, producto de la DANA Aníbal, desataron la furia de los cerros. Huaicos y derrumbes afectaron varios sectores de la carretera panamericana sur, interrumpiendo por completo el tránsito por la zona. Los sectores más críticos, Quebrada Honda y La Planchada, se convirtieron en trampas mortales.
TAMBIÉN PUEDE LEER: DANA Aníbal: Caos, cierre de carreteras y vuelos cancelados
El Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC), a través de Provías Nacional, informó que el personal y la maquinaria pesada se encuentran en la zona, pero la persistente lluvia y la constante caída de rocas han obligado a suspender las labores en reiteradas ocasiones para garantizar la seguridad de los trabajadores. Estuardo Tello, subdirector de Conservación Vial de Provías Nacional, explicó la magnitud del desafío: algunos de los bloques de roca desprendidos superan la tonelada de peso, complicando extremadamente las labores de limpieza.

Una tragedia humana en medio del lodo
La desesperación, sin embargo, no espera. Tras cuatro días de bloqueo, las primeras estimaciones hablan de más de 300 camiones, 700 vehículos de transporte y alrededor de 12 mil personas varadas. La escasez de agua y alimentos comenzó a sentirse con crudeza, afectando principalmente a niños, adultos mayores y gestantes.

En este contexto de angustia, la tragedia golpeó con fuerza. Una pasajera de 68 años falleció en el sector Cerro de Arena cuando, desesperada por la espera, intentó cruzar a pie la zona del derrumbe y sufrió una descompensación al padecer de la presión alta. Desde Provías Nacional se hizo un llamado desesperado a la población: «Pedimos que no se trasladen a través de estos derrumbes, porque son zonas que son bastante deleznables».

Solidaridad en medio del caos
Frente a la ausencia de una respuesta estatal ágil, la solidaridad vecinal se ha convertido en el único alivio. La Municipalidad de Atico, con recursos limitados, distribuyó raciones de pescado frito a los viajeros. En un gesto que retrata el espíritu de la zona, efectivos de la Comisaría de Ocoña organizaron una olla común para repartir desayunos calientes a los atrapados.

Mientras tanto, el impacto económico ya es imparable. Ocho camiones cargados con fruta permanecen varados con su carga perecedera a punto de perderse, lo que generará cuantiosas pérdidas a los comerciantes de la plataforma de Río Seco en Arequipa. A esto se suma el temor por el desabastecimiento de combustible y GLP en la región, ya que los camiones cisterna no pueden ingresar y en Arequipa se empieza a sentir el desabastecimiento.
Un futuro incierto
El Ejército del Perú se ha sumado a las labores de limpieza con más de 30 efectivos y el alcalde de la provincia de Caravelí Roberto Soto, estima que, si las condiciones climáticas lo permiten, se podría habilitar el tránsito en unos 3 a 5 días más por la cantidad de material a retirar y por lo angosta de la vía.

Mientras la maquinaria avanza metro a metro, la Panamericana Sur sigue siendo un símbolo de la vulnerabilidad de la infraestructura nacional y del costo humano y económico que el Perú sigue pagando por no estar preparado para el embate de la naturaleza. Y esto es solo un aviso de lo que puede ser el fenómeno de El Niño que podría alcanzar el nivel de extraordinario.



